Por Vivian Salama, Alex
Marquardt, Zachary Cohen

(CNN) — La negativa del
presidente Donald Trump a reconocer la derrota ante el presidente electo Joe
Biden y garantizarle acceso a los informes diarios de la Presidencia, o a
cualquier otro material clasificado, tiene serias implicaciones para la seguridad
nacional que podrían obstaculizar la capacidad de la administración entrante
para hacer frente a las amenazas desde el primer día.

Si bien Biden ha minimizado
la necesidad de obtener informes clasificados por ahora, expertos en seguridad
nacional advierten que la obstrucción continua por parte de la administración
Trump podría tener consecuencias duraderas. Y que potencialmente podría dejar a
Estados Unidos vulnerable durante la transición, un período en el que los
adversarios históricamente han buscado aumentar las tensiones.

Éxodo en Defensa

La situación se ve agravada
por el reciente éxodo de varios de los funcionarios de mayor rango de Defensa,
muchos de los cuales fueron reemplazados por personas percibidas como leales al
presidente. Desde el lunes, cuatro funcionarios civiles de rango alto fueron
despedidos o renunciaron. La cifra incluye al secretario de Defensa, Mark
Esper, su jefe de personal y los principales funcionarios que supervisan las políticas
y la inteligencia.

Al mismo tiempo, la
Dirección de Inteligencia Nacional se negó a involucrarse con el equipo de
Biden, cortando lo que normalmente sería un recurso de seguridad nacional
crucial para el presidente electo. Todo esto hace que garantizar la continuidad
del gobierno sea mucho más difícil para la administración entrante de Biden. Y
podría generar brechas en la forma en que se transmite la inteligencia crucial
sobre todos los temas, desde puntos geográficos conflictivos y amenazas de
seguridad cibernética hasta el estado de las negociaciones con los talibanes y
Corea del Norte.

«Quieres conocer el estado
de cuestiones de todo el mundo, como el estado de las negociaciones, las
discusiones sobre los acuerdos de libre comercio, los posibles focos de
tensión, las conversaciones con los aliados sobre cómo lidiar con las amenazas
comunes, las amenazas hechas por adversarios y los mecanismos detrás de escena
para contrarrestar esas amenazas», dijo David Priess, exfuncionario de
Inteligencia de la CIA y el Departamento de Estado. Priess estuvo encargado de
proporcionar informes clasificados a los presidentes Bill Clinton y George W.
Bush.

«Tener una transición
retrasada u obstruida se interpone en el camino de todo eso», agregó Priess.

Lo que dicen al respecto los senadores

El senador republicano de
Oklahoma James Lankford dijo el miércoles que intervendrá si para el viernes la
administración Trump aún no permite que Biden acceda a los informes de
Inteligencia.

«No hay pérdida en que él
reciba los informes y pueda hacer eso», dijo Lankford a la estación de radio
KRMG. Y señaló que forma parte de la Comisión de Supervisión del Senado y que
ya comenzó a participar en el asunto.

Cuando se le preguntó a
principios de esta semana si se debería permitir que Biden comience a recibir
los informes diarios de la Presidencia, el senador republicano Marco Rubio,
presidente en funciones de la Comisión de Inteligencia del Senado, dijo a los
periodistas: «No creo que perjudique de ninguna manera los reclamos legales del
presidente que comience el trabajo de transición por si acaso».

El senador de Iowa Chuck
Grassley, quien como presidente pro tempore es el republicano de mayor
antigüedad en el Senado, le dijo a CNN el jueves que Biden debería tener acceso
a los informes clasificados para prepararse para la transición.

«Creo que –especialmente
sobre los informes clasificados– la respuesta es sí», dijo Grassley.

El antecedente de la transición de George W. Bush

La necesidad de que una
administración entrante empiece a trabajar sobre temas de seguridad nacional es
tan importante que los informes de Inteligencia clasificados comienzan meses
antes de que se decidan las elecciones presidenciales. Después de las
elecciones del 2000, cuando el resultado estuvo en duda durante más de un mes
después de la votación, la administración saliente del presidente Bill Clinton
comenzó a entregar informes de Inteligencia a George W. Bush antes de que fuera
declarado ganador oficialmente. (El vicepresidente Al Gore ya tenía acceso a
esos informes dado su cargo).

El Informe de la Comisión del 11-S encontró que la
disputa sobre las elecciones de 2000, que redujo a la mitad el período de
transición normal, «obstaculizó a la nueva administración a la hora de
identificar, reclutar, autorizar y obtener la confirmación del Senado de los
nombramientos clave».

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