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(El libro y la lectura, General) por Manu de Ordoñana, Ana Merino y Ane Mayoz

No
resulta fácil caracterizar este género de ficción, entre otras cosas porque los
críticos no se ponen de acuerdo con las obras que componen el corpus ni con las
fuentes o influjos del género. Así que nos acercaremos brevemente a sus
orígenes según lo que une a la mayoría.

El rasgo
que le caracteriza es el análisis del sentimiento amoroso, no en vano uno de
nuestros mejores estudiosos de literatura, Menéndez y Pelayo, en su ensayo
Orígenes de la novela bautiza este género como “novela sentimental”. A mediados
del siglo XV se empieza a notar una nueva corriente novelesca caracterizada por
una fuerte penetración sicológica aplicada al estudio del alma de la mujer y
que, según Menéndez y Pelayo, Giovanni Bocaccio, echando mano de soliloquios,
aplicó antes que nadie en su obra Elegia di Madonna Fiammetta.

Junto a
esta tendríamos otra novela italiana, la Historia duobus amantibus. Historia
duobus amantibus de Enea Silvio Piccolomini quien aportó un poderoso medio de
análisis afectivo mucho más natural que los soliloquios: la técnica epistolar;
gran parte de la obra muestra las cartas que se escribían los amantes cuya
función no era otra que reflejar el progresivo nacimiento de la pasión amorosa.
Y por último, también se habla de Siervo libre de amor del español Juan
Rodríguez del Padrón y Cárcel de Amor de Diego de San Pedro. Este, además,
puede considerarse el primer best seller de la literatura española.

Pero la
ficción sentimental castellana no solo recibe la influencia italiana sino
también la de los libros de caballerías. Así el protagonista tendría un
componente caballeresco y erótico proveniente de la combinación del Amadis y de
la Fiammetta. El resultado de esta mezcla es una literatura en la que se da más
importancia al amor que al esfuerzo; hay lances de armas y gentilezas
caballerescas sí, pero van siempre subordinados al amor. Este tipo de novelas
también se han denominado “erótico-bizantinas”. De cualquier manera, presentan
unas características claras: artificiosidad de la aventura y del estilo
—redundante, ampuloso, lleno de circunloquios en opinión de Menéndez y Pelayo—,
minuciosa descripción de sentimientos, exaltación idealista de los personajes,
dulzura femenina dentro del contexto caballeresco y una vaguedad lírica.

Posteriormente
aparece la influencia del amor cortés de los cancioneros poéticos y la alegoría
de los poemas franceses e italianos, que causó una honda impresión en España.
Otros críticos apuntan, por último, al desmoronamiento de los ideales
medievales caballerescos que tiene lugar en el XV: el guerrero empieza a ser
sustituido por el cortesano y ya no cuentan tanto las armas sino la gentileza,
la cortesía para vencer la resistencia de la amada. En definitiva, es la
sociedad de ese siglo la que cambia y ya no interesa tanto la literatura épica
como la novela propia del burgués y del cortesano; se pasa de un hombre heroico
con valores colectivos de la canción de gesta al hombre fragmentado e
individualizado de la novela sentimental.

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