Ransés Diaz


Ha ganado un hombre que mediante los postulados, expuestos en su trayectoria hacia la Casa Blanca; le dijo a su pueblo que era posible el cambio. Lo ha logrado.

Un emergente líder mundial que nos dijo que era posible al cambio ha ganado. ¿Sí se puede? Le ganó a la candidata natural del Partido Demócrata, Hilary Rodman Clinton, con ayuda del Partido Republicano quienes lo veían como a un fácil rival, ese fue su error.

Ha vencido en un país de fuertes raíces discriminatorias y racistas un hawaiano mulato que tiene el mérito, desde ya, de haber vencido toda una cadena de siglos caracterizados por la barbarie, la explotación, el abuso, el racismo y la discriminación. Con su ejemplo el manda un claro mensaje al mundo que ‘’Si se puede’’ cambiar la mentalidad y el quehacer.

El triunfo viene impulsado principalmente, a nuestro entender, por la reacción al ataque a la medula espinal del ser social del norteamericano, de su medula ósea: el dinero. Se ha dicho que los norteamericanos votan contra quien les saque dinero de sus bolsillos y a favor del que les introduzca dinero.

Los republicanos no solo le sacaron a manos llenas ese dinero de los pockets, que tantos ellos aman, sino el que ellos mas aman, el de sus depósitos bancarios y de los bonos bursátiles, y eso no se lo perdonan ni al Tío San.

Pero estas razones no desmeritan el arrollador triunfo alcanzado por el señor Obama y el partido
demócrata porque al vencer a doña Hilary Rodman Clinton, al final de la precampaña interna del Partido Demócrata, la cual parecía que no habría fuerza en esta tierra que le impidiera volver a habitar en la casa blanca.

Demostró las prendas personales del cual está investido, de la pasta de la cual está hecho, y que su elección no obedeció a un problema de raza sino de capacidad, expresado en su discurso, en su carisma, en su don de gente, en esa percepción de confianza y capacidad que él logró transmitir al pueblo norteamericano para la solución del gran abismo creado por los desaciertos de los encargados de las tomas de decisiones políticas de Washington.

Si pudo vencer esos primeros retos, nos quedará por saber si podrá vencer los intereses del Status Quo para impulsar su nación, y con el al resto del mundo, por nuevos senderos que permitan un mayor respeto y por ende una mayor convivencia pacifica con sus vecinos, aliados, socios y con todo aquel que piense lo contrario.

En el caso dominicano, ya hay quienes aseguran que el plan de integración de las dos naciones que ocupan La Española.

La isla de Santo Domingo cobrará un nuevo impulso con el triunfo del Senador Obama, afirmación a modo de jabón en el sancocho, que pudiera ser o no cierta, pero lo cierto es que a pesar de que la migración haitiana representa un dolor de cabeza para la nación de Thomas Jefferson, y que nuestro territorio parecería el solar natural donde depositar el problema en cuestión.

Según su modo de ver la solución de sus problemas, pero también es cierto que a los norteamericanos no les gusta los disturbios, es malo para los negocios, Business are Business, y con los sucesos de los últimos días de enfrentamiento en nuestro territorio entre nacionales haitianos y dominicanos, lamentables por demás, queda claro que las y los dominicanos respetamos la existencia de nuestros vecinos en el lado oeste de la isla.

Le acogemos en la medida de nuestras posibilidades, le defendemos y hasta reclamaos por ellos ante las naciones y los organismos internacionales, pero que ha existido, existe y existirá un rechazo e intolerancia absoluta al propósito de hacernos unos e indivisibles, todo lo cual produce un efecto nocivo a la digestión de los hombres de comercio. Esto es malo para la salud.

Finalmente saludamos su elección, le deseamos buena suerte ya que, por lo visto, ideas e idearios no les han de faltar. Ojala que pueda vencer lo que a otros tanto trabajo, sudor, sangre y la propia vida les ha costado y que el sueño de Abrahán Lincoln, Martín Luther King y tantos otros siga haciéndose realidad y, además, que pueda mostrarles al establishment que hay otras formas de convivir con el vecino y de hacer negocio con éste, a pesar que piense y sea diferente, que Sí se Puede.

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