El mandatario defiende una
relación estratégica con Washington en el arranque del nuevo tratado de libre
comercio de Norteamérica y a cuatro meses de los comicios de Estados Unidos
ELÍAS CAMHAJI – EL PAIS
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador,
en una rueda de prensa. PRESIDENCIA DE MÉXICO
México.- El presidente de
México, Andrés Manuel López Obrador, ha confirmado este lunes que viajará a
Washington —con fecha aún por concretar, previsiblemente a lo largo del día—,
su primer viaje al extranjero desde que es presidente, con motivo del arranque,
el 1 de julio, del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá
(T-MEC). México, que ha propuesto la reunión, defiende la decisión de
establecer lazos con la Administración de Donald Trump y de mandar un mensaje
sobre la importancia del acuerdo comercial para sus planes de recuperación
económica en medio de la pandemia de la covid-19. La estrategia de no
confrontación y de acercamiento ha provocado reacciones encontradas entre los
diplomáticos y especialistas del país, sobre todo a la luz de las elecciones
estadounidenses de noviembre próximo, el discurso antimexicano del líder
republicano. López Obrador, que viajará en ruta comercial, no tiene previsto
reunirse con el candidato demócrata, Joe Biden, líder en las encuestas.
 “Me parece una estrategia muy arriesgada por
parte de López Obrador, que lo expone a críticas dentro del país por apoyar a
Trump en medio de la campaña”, asegura Duncan Wood, director del Instituto para
México del Woodrow Wilson Center. El analista contempla varios frentes que se
pueden abrir para el Gobierno mexicano, el más evidente con el propio Biden,
que encabeza la intención de voto, pero también ante los embates impredecibles
de Trump, que ha reprobado la gestión de la epidemia de su vecino. “Si Biden
gana, la relación personal de ambos presidentes va a ser un relajo
[complicada]”, asevera el especialista, “existe también el riesgo de que Trump
diga algo negativo con referencia a López Obrador, a México y a los mexicanos
durante la visita o poco después, como sucedió antes con Enrique Peña Nieto en
2016”.
 “Es un error colosal”, resumió Arturo
Sarukhan, exembajador mexicano en EE UU, en redes sociales la pasada semana.
“Nos encaminamos hacia un error histórico”, escribió el diplomático Agustín
Gutiérrez Canet, en una crítica que sorprendió al venir del esposo de la actual
embajadora mexicana, Martha Bárcena. El fantasma sobre los planes del
mandatario mexicano es el antecedente de una visita de Trump a México, durante
las elecciones hace cuatro años. El entonces candidato no había ocultado su
discurso xenófobo para azuzar a las bases nacionalistas del Partido
Republicano, en una campaña que arrancó llamando a los mexicanos “violadores” y
“criminales” y que cerró con la promesa de construir el muro y “hacer que
México pague por él”. Peña Nieto dio trato de Estado al empresario, lo que fue
visto por el grueso de la opinión pública como una humillación. Hillary
Clinton, entonces aspirante demócrata, también fue invitada, pero declinó.
Como aspirante a la
presidencia, López Obrador calificó en 2017 los dichos del mandatario
estadounidense como “propaganda” y una “estrategia neofascista” e, incluso,
publicó el libro Oye Trump. Tras llegar al poder, el político mexicano bajó el
tono y apostó por ignorar las provocaciones y negociar. “Responde a una amplia
estrategia diplomática que comenzó desde la transición de 2018, en la que el
Gobierno entrante respaldó y reactivó una negociación que había llegado a un
impasse”, responde Roberto Velasco, recién nombrado subsecretario para América
del Norte. Velasco descarta cualquier injerencia en la política estadounidense
y destaca el envío de ventiladores y mascarillas para afrontar la pandemia.
López Obrador ha confirmado
que, como viene siendo habitual desde que ejerce la presidencia, también
viajará a Washington en línea comercial. Al no haber en este momento una ruta
directa desde la capital de México a Washington, el mandatario ha informado que
hará escala y que se desplazará un día antes. Durante su conferencia matutina
del lunes, López Obrador no ha descartado la posibilidad de recurrir a algún
avión o helicóptero de las Fuerzas Armadas en el futuro, pero ha insistido en
que solo lo empleará en caso de urgencia. Sobre la posibilidad de que para
viajar deba hacerse la prueba de la covid-19, algo que hasta ahora ha
declinado, el presidente mexicano ha pedido esperar: “No adelantemos vísperas”.
 “Es un encuentro obligado porque los tres
presidentes no se han reunido desde que tomaron posesión y porque la relación
con EE UU es tan importante que son necesarios estos esfuerzos, aunque sea con
un presidente tan tóxico como Trump”, sostiene Genaro Lozano, profesor de la
Universidad Iberoamericana. Lozano afirma que las críticas de la oposición se
enmarcan en la campaña para los comicios del próximo año en México y asegura
que se ha exagerado sobre la influencia de López Obrador en el voto latino. “Es
ridículo, no hay ninguna evidencia empírica ni científica para decir eso”, dice
el internacionalista, sobre todo en la coyuntura de la búsqueda de una vacuna
por el coronavirus, el inicio del T-MEC el 1 de julio y la presencia de México
en el próximo Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
 “Es indispensable que los presidentes de dos
países vecinos se reúnan frecuentemente, la cantidad de temas en la agenda lo
justifican”, concuerda el diplomático mexicano Enrique Berruga, aunque matiza:
“Se inscribe en el proceso de reelección de Trump, eso es lo más preocupante de
la visita”. Una estrategia para evitar eso, dice Berruga, encargado de
organizar las reuniones entre Vicente Fox y George W. Bush, es tener “una
partitura” casi milimétrica de lo que se va a tratar y lo que va a pasar.
La visita de López Obrador
también ha provocado al otro lado de la frontera. “Esta visita es un esfuerzo
por distraer la atención ante el fracaso de ambos líderes en responder a la
pandemia del coronavirus”, escribió Juan S. González, asesor de Biden para
Latinoamérica, en Twitter. “Una decisión corta de miras al tomar partido en la
elección presidencial de EE UU”, lamentó Dan Restrepo, exconsejero de Barack
Obama y uno de los principales liderazgos latinos dentro del partido. El
embajador de EE UU en México, Christopher Landau, también ha ejercido presión,
al declarar que el país da “señales preocupantes” para los inversores
extranjeros y anunciar la suspensión de algunas categorías de visas de trabajo
para mexicanos por el colapso económico mundial.
Los especialistas coinciden
en que la posible participación de Justin Trudeau rebajaría el costo político
para López Obrador, aunque sigue siendo una incógnita por la tensa relación
entre Trump y su homólogo canadiense. Otra salida es buscar una reunión con
Biden y con otros liderazgos demócratas, una opción incierta por cómo se han
planteado los términos del viaje, aunque viable si se trata de una visita de
Estado.

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